LA ALDEA GLOBAL.

Ante el drama de los refugiados plasmado en la imagen del niño sirio en la playa de Turquía que ha conmovido nuestras acomodadas y adormecidas conciencias y la lejanía de los acontecimientos; todo se sintetiza en un suceso que sucede en el mismo mar que este verano hemos visitado para nuestro descanso, no olvidemos que entre esas dos orillas se encuentran diariamente muchos cadáveres, sobre todo procedentes de Libia.

La mayoría de los que huyen de la guerra y sus miserias son musulmanes y echo en falta la opinión y ayuda de Arabia Saudí y los riquísimos emiratos del golfo pérsico que gracias al petróleo dominan amplias parcelas de la economía de Europa. Mientras nos deleitamos con sus logos en las camisetas de los galácticos e idolatrados futbolistas, también sabemos de los velos y represión de sus mujeres y lapidaciones, todo ello observado desde occidente mirando hacia otro lado ya que poderoso caballero es don dinero.

No conocemos que opinan los que ideológica, financiera y armamentísticamente sostienen al ISIS culpable de bastantes atrocidades que están sucediendo y expandiéndose; tampoco dice nada China como segunda potencia económica mundial más preocupada estos días en mostrarnos su poderío armamentístico y las veladas amenazas que conlleva, ni se nombra lo que opina Rusia. Ambos países de ideología comunista (aunque con pobreza en la mayoría de los ciudadanos y la elite consumiendo vorazmente en Europa Occidental como nuevos ricos).

Y mientras tanto Europa nos demuestra una vez más que la desunión en los asuntos importantes hace que cada país reaccione según su interés particular y no con visión de Unión Europea. Los dramas no se solucionan con alambradas altas, sino con políticas de solidaridad y exigiéndole al resto del mundo que se implique también. Las soluciones exclusivamente económicas de los conflictos deben ser aparcadas cuando hay tantas vidas de seres inocentes en juego.